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CORAZONES QUE VUELVEN A LATIR

CORAZONES QUE VUELVEN A LATIR

Hace cinco años se implantó el primer corazón artificial llamado HeartMate II en Suramérica, el Instituto Cardiovascular de la FCV se convirtió en el único centro hospitalario en Colombia, que implanta corazones artificiales como terapia definitiva para tratar la falla cardíaca avanzada en pacientes adultos y niños.

Hasta el momento se han implantado 21 dispositivos mecánicos,  hoy se reunieron en Bucaramanga para gritarle al mundo que sus corazones volvieron a latir.

El primer corazón artificial se implantó en una paciente con falla cardíaca avanzada, Cielo González Díaz oriunda de Albania – Santander, fue maestra de escuelas rurales durante más de tres décadas, tiene 61 años, y actualmente vive en Barbosa, municipio llamado por los colonos de la región como “La puerta de Oro” del departamento, que está ubicado a poco más de cuatro horas de Bucaramanga.

Una técnica que salva vidas

En 2002, el Instituto Cardiovascular de la FCV estableció un programa de falla cardíaca, que ha tenido como objetivo lograr una reducción del número de reingresos hospitalarios por este diagnóstico, mejorar el estado de salud de la población y mantener la calidad de vida de pacientes, tanto adultos como pediátricos. En Colombia, desde 2014, es la única institución que implanta corazones artificiales, como una de las opciones de tratamiento para la falla cardíaca avanzada. Según el doctor Antonio Figueredo Moreno, jefe de Cirugía Cardiovascular de la organización, “fuimos pioneros en Suramérica, y aunque ya existen otros dos centros –uno en São Paulo y otro en Santiago de Chile–, en donde tienen programas activos de asistencia ventricular de largo plazo, las estadísticas señalan que tenemos un mayor número de pacientes intervenidos, con resultados comparables a los de los mejores programas en el mundo”.

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Tras el éxito obtenido en el primer procedimiento, Yasiris  Canchano y Andrés Hernández, fueron los siguientes en llevar consigo el aparato: una turbina de titanio, con tecnología aeroespacial, que se mueve a 9.000 revoluciones, y que bombea cerca de diez litros de sangre por minuto. El dispositivo, que se implanta en el interior del pericardio, se une al ventrículo izquierdo y a la aorta −arteria principal que lleva la sangre oxigenada hacia el cuerpo entero−; tiene un sistema externo atado por un cable que sale a través de la piel, y se conecta a un panel controlador del aparato. La tecnología cuenta además, con el soporte de dos baterías recargables, que se pueden llevar en un bolso o en una mochila, y que hacen parte de la cotidianidad de estos pacientes.

De acuerdo con un informe de la Agencia EFE, la donación de órganos en América Latina, para 2016, seguía por debajo del promedio mundial a pesar de los avances de Cuba y el Cono Sur.

Por esta razón y por normativas de cada país, muchos latinoamericanos de todas las edades han estado condenados a morir por falla cardiaca sin la posibilidad de ser trasplantados. El implante de corazón artificial, se consolida entonces, como un procedimiento que ofrece importantes avances: está diseñado para reducir las complicaciones y mejorar la supervivencia y la calidad de vida de los pacientes con insuficiencia cardíaca avanzada. “Durante estos años hemos tenido el acompañamiento, la asesoría y el apoyo de Abbott, y su dispositivo de asistencia ventricular izquierda −HeartMate II y 3−, siendo éste un avance de alta tecnología médica”, apunta Salazar Rojas. Aunque es una técnica nueva y todavía no se registra información suficiente para saber qué tan bien se consigue ese objetivo, “sabemos que hay personas que han durado 15 años con un corazón artificial sin necesidad de retirar; hasta ahora en nuestra cohorte, los pacientes sobrevivieron a cirugía y al seguimiento; están bien, sin falla cardiaca, sin necesidad de hospitalizarse, y sólo con algunas restricciones que se pueden manejar satisfactoriamente”, sintetiza el médico.

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